CRONICA DE UN PASEO
L. ha venido de visita desde la fría Boston y se ha encontrado con una atípica Barcelona en sus días más invernales, el día de nuestro encuentro el cielo estaba completamente encapotado y soplaban vientos helados y húmedos, sobretodo en la zona de Les Corts desde donde partió el paseo hacia las Ramblas .
Este día estaban especialmente tranquilas, la actividad máxima se concentraba en las zonas más comerciales y los "guiris" brillaban por su ausencia, de todos modos pudimos comprobar que los rateros no estaban de vacaciones, puesto que se nos pegaron dos literalmente a la espalda, por suerte desistieron de atacar al ver que estábamos al loro, a pesar de que nuestras pintas "bohemia-chic" nos acercaban más a unas señoras burguesas que se hubiesen perdido por allí, que a las chicas más o menos jipis que fuimos en otra época.
Así nos adentramos en Plaza Real para empezar la comprobación "in situ" de los cambios provocados por el paso del tiempo, llegamos a la conclusión que todavía persiste gran parte del encanto, a pesar de que los viejos supermercados de barrio se han convertido en tiendas de diseño para turistas, así como hotelitos y restaurantes modernos han aparecido por doquier siguiendo el ejemplo del Born. Para nuestra alegría sigue en pasaje Escudellers el bar FANTASTICO, aunque tiene añadida la palabra "bipp" que nos hace pensar en reformas irreversibles y no muy interesantes, no lo pudimos ver puesto que la persiana estaba bajada, lo que sí sigue igual es el bar TEQUILA, en la calle Escudellers, ahora con más cascos para escuchar música pero ofreciendo el mismo menú musical que en el 90, la decoración de puti-club se mantiene intacta.
Seguimos hasta la basílica de la Mercè buscando los locales donde servían el brebaje alcohólico llamado "leche de pantera", pero a esas horas de la tarde estaban cerrados así que avanzamos por calle Regomir donde dimos con EL TROPEZON , lugar mítico de atracones a base de tapas picantes y borracheras, entramos para beber algo y comprobamos que las mesas estaban tan pringosas como antaño, la decoración tampoco ha cambiado en absoluto, excepto el eterno pulpo cocido que siempre lucía detrás de la barra y que ha sido sustituído por dos tortillas enormes con un tono negruzco nada apetecible.
Después continuamos ascendiendo, acercándonos poco a poco al mogollón, haciendo una última parada para escuchar a unos músicos callejeros muy atractivos que ofrecían lo último de Manu Chao y que nos devolvieron alegremente a la actualidad.
L. ha venido de visita desde la fría Boston y se ha encontrado con una atípica Barcelona en sus días más invernales, el día de nuestro encuentro el cielo estaba completamente encapotado y soplaban vientos helados y húmedos, sobretodo en la zona de Les Corts desde donde partió el paseo hacia las Ramblas .
Este día estaban especialmente tranquilas, la actividad máxima se concentraba en las zonas más comerciales y los "guiris" brillaban por su ausencia, de todos modos pudimos comprobar que los rateros no estaban de vacaciones, puesto que se nos pegaron dos literalmente a la espalda, por suerte desistieron de atacar al ver que estábamos al loro, a pesar de que nuestras pintas "bohemia-chic" nos acercaban más a unas señoras burguesas que se hubiesen perdido por allí, que a las chicas más o menos jipis que fuimos en otra época.
Así nos adentramos en Plaza Real para empezar la comprobación "in situ" de los cambios provocados por el paso del tiempo, llegamos a la conclusión que todavía persiste gran parte del encanto, a pesar de que los viejos supermercados de barrio se han convertido en tiendas de diseño para turistas, así como hotelitos y restaurantes modernos han aparecido por doquier siguiendo el ejemplo del Born. Para nuestra alegría sigue en pasaje Escudellers el bar FANTASTICO, aunque tiene añadida la palabra "bipp" que nos hace pensar en reformas irreversibles y no muy interesantes, no lo pudimos ver puesto que la persiana estaba bajada, lo que sí sigue igual es el bar TEQUILA, en la calle Escudellers, ahora con más cascos para escuchar música pero ofreciendo el mismo menú musical que en el 90, la decoración de puti-club se mantiene intacta.
Seguimos hasta la basílica de la Mercè buscando los locales donde servían el brebaje alcohólico llamado "leche de pantera", pero a esas horas de la tarde estaban cerrados así que avanzamos por calle Regomir donde dimos con EL TROPEZON , lugar mítico de atracones a base de tapas picantes y borracheras, entramos para beber algo y comprobamos que las mesas estaban tan pringosas como antaño, la decoración tampoco ha cambiado en absoluto, excepto el eterno pulpo cocido que siempre lucía detrás de la barra y que ha sido sustituído por dos tortillas enormes con un tono negruzco nada apetecible.
Después continuamos ascendiendo, acercándonos poco a poco al mogollón, haciendo una última parada para escuchar a unos músicos callejeros muy atractivos que ofrecían lo último de Manu Chao y que nos devolvieron alegremente a la actualidad.
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